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YouTube llega a los 1.000 millones de vídeos vistos al día
Sabíamos que eran muchos, muchísimos. Que actualmente es tan popular teclear unas palabras en Google como buscar las últimas imágenes de impacto en YouTube. Pero no por ello la cifra deja de ser mareante: según ha anunciado su cofundador y director general, Chad Hurley, YouTube ya ha superado la barrera de los 1.000 millones de vídeos vistos… ¡cada día!
“Estamos muy orgullosos. Es un gran momento en nuestra todavía corta historia y os lo debemos a vosotros”, ha dicho Hurley en un comunicado. Con lo de “vosotros” se refiere, lógicamente, a los usuarios, a esos millones de personas que nos pasamos horas mirando vídeos en su página o que acudimos a ella cada vez que nos hablan de una noticia, un tráiler, un videoclip o un gag que nuestros ojos no se pueden perder.
Hace tres años que YouTube se unió a Google con el propósito de compartir y organizar los vídeos a nivel mundial “para hacerlos rápida y fácilmente accesibles a cualquier usuario”, esté donde esté, las 24 horas del día, sin restricciones. Pero Hurley y su socio, Steve Chen, saben que lo peor que pueden hacer es estancarse, así que han elaborado un plan para que YouTube siga siendo el referente que es ahora.
En primer lugar, se comprometen optimizar la velocidad con que se cargan los vídeos (aunque ello también depende de las características de nuestra conexión). Los dueños de YouTube saben que una reproducción rápida deja al usuario satisfecho; a ninguno nos gusta esperar más de la cuenta, por muy interesante que sea el vídeo.
Además, pretenden potenciar la variedad de contenido y fomentar que los usuarios sigan colgando sus propios vídeos caseros, porque esa era la filosofía inicial de la página, no que se convirtiera simplemente en un refrito de lo que nos llega a través del cine o la televisión.
Quizá sería interesante que, en su próximo comunicado, el señor Hurley nos dijera el porcentaje de vídeos sin copyright o amateurs que almacena su página.
Sinfónica a través de la Red.
La empresa de informática Google anunció ayer, en ruedas de prensa simultáneas en todo el mundo, entre ellas una en A Coruña, la creación de la Orquesta Sinfónica YouTube. El proyecto realizará una prospección internacional de músicos a través de su canal de música clásica, en 23 países y 16 idiomas diferentes. La iniciativa está avalada por personalidades, orquestas e instituciones como la London Symphony, la orquesta del Concertgebow, la Julliard School de Nueva York o el Conservatorio de San Petersburgo. Por España participan la Orquesta Sinfónica de Galicia, el Gran Teatre del Liceu, el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y la Orquesta y Coro Nacionales de España. Entre las personalidades responsables se cuentan Valery Guerguiev, Michael Tilson Thomas o el autor de la música de los Juegos Olímpicos de Pekín, Tan Dum.
Los aspirantes deberán enviar antes del 28 de enero sus propios vídeos, que deben constar de dos grabaciones: una a elegir entre varias obras propuestas por YouTube y otra con la parte de la obra de Tan Dum correspondiente a su instrumento. Para ello, podrán bajarse la partitura y ensayar a través de clases magistrales impartidas por músicos de las orquestas implicadas, como el violinista Florian Vlashi o el clarinetista Juan Ferrer de la OSG. La selección final se hará por votación pública a través de YouTube, del 14 al 22 de febrero de 2009.
La Sinfónica de Galicia, como cada entidad asociada al proyecto, tendrá en breve un canal específico en el que se colgarán vídeos de algunas de sus actuaciones e incluso la transmisión en directo de algún concierto.
Google busca el ying y el yang.
El buscador tiene un curioso principio que rige su ideología ética: ‘No seas malvado’. Aplicado a un entorno competitivo y a medida que la complejidad de su negocio se multiplica, con compras como las de YouTube y DoubleClick, mantenerlo se antoja complicado.
Cuando Google decidió comprar la empresa de publicidad en red, DoubleClick, hace cinco meses, provocó la irritación de muchos en la industria. Varios gigantes estadounidenses, desde Microsoft a AT&T, mostraron su preocupación ante el nuevo poder del grupo. Los reguladores antimonopolio se pusieron en alerta. Los grupos de consumidores se quejaron.
El acuerdo también supuso uno de los ejemplos más claros hasta la fecha de cómo ha cambiado Google. Hace tan sólo dos años, la compañía abandonó una adquisición potencial de DoubleClick, preocupada por la posibilidad de que una parte esencial del método de trabajo de la empresa de publicidad en red (el uso de cookies para recopilar bancos de datos sobre los usuarios y enviarles propaganda) pudiera entrar en conflicto con los archiconocidos principios de los fundadores de Google.
Al avanzar con el acuerdo la pasada primavera, Google mostró cómo había luchado por lograr aplicar sus preciados principios de negocio en la práctica, incluido su conocido lema interno: No seas malvado. Sus fundadores mantienen con firmeza que sus ideales marcarán la diferencia a largo plazo. “Nunca antes ha habido grandes compañías con este tipo de ética”, comentó recientemente Larry Page. “Creo que podemos ser una fuerza positiva”.
Críticas.
No es así como lo ven algunos expertos. El acuerdo con DoubleClick ha elevado el número de quejas de que Google ha abusado de sus usuarios (invadiendo la privacidad de sus datos, así como adulterando los resultados de búsqueda con una cantidad cada vez mayor de publicidad) y ha pisoteado a socios potenciales en el negocio.
Antiguos ejecutivos y otros observadores exponen que la naturaleza cada vez más compleja de las actividades de Google, particularmente a medida que se adentra en mercados nuevos como el área en el que opera DoubleClick, le está obligando a adaptar y, en algunos casos, a alcanzar compromisos con sus principios fundacionales.
Al enfrentarse a un número creciente de rivales comerciales y adversarios legales con respecto a los derechos de autor y otras cuestiones, no es extraño escuchar estos días comparaciones con una compañía de Silicon Valley a la que muchos adoran odiar: Microsoft.
En parte, se trata de una cuestión de imagen. “A medida que ganas poder, es lógico que la gente piense de este modo”, aseguró Page. Pero la reacción violenta también tiene su fundamento. “Cuando eres una compañía adulta”, explica David Yoffie, profesor de la Harvard Business School, “el eslogan No seas malvado resulta demasiado simplista. Tienes que evolucionarlo y desarrollarlo”.
La decisión de Google, tomada a principios de año, de lanzar un motor de búsqueda censurado en China se convirtió en la primera señal de alarma, ya que su postura se oponía claramente a su autoproclamada misión: “hacer que la información mundial sea universalmente accesible y útil”. Incluso algunos de los opositores a la decisión reconocen que es difícil criticar a Google por ello. “Es razonable y ético.
La gente puede estar en desacuerdo con respecto a cuál es la mejor senda a escoger [cuando se negocia con China]”, asegura Jonathan Zittrain, profesor de Gobierno y Regulación de Internet de la Universidad de Oxford, que se opuso personalmente a esta decisión.
De todos modos, cada vez hay más evidencias de que las vagas reivindicaciones de Google sobre su superioridad ética están fracasando. “Creo que su punto de vista se centra en que lo que resulta bueno para Google es bueno para el resto del mundo”, critica un socio de la compañía. “Todos los Estados alcanzan esa conclusión en un momento determinado”.
Un ejecutivo que ha trabajado estrechamente con los socios más importantes de Google añade: “Estoy completamente seguro de que su intención es buena, pero el problema reside en que intentan aplicar este principio [No seas malvado] a situaciones empresariales cada vez más complicadas”. A medida que Google crece mediante adquisiciones, los desafíos se multiplican.
La compra el año pasado del portal de vídeos YouTube por 1.650 millones de dólares (1.177 millones de euros) resume la tensión entre los principios de Google, en contra de la norma establecida, y su nuevo estatus en el corazón del establishment de las grandes compañías, como consecuencia de los frecuentes envíos de los usuarios de la página de música, vídeos de deportes y películas sujetos a derechos de autor, que provocan roces con los grupos de medios de comunicación de todo el mundo.
Derechos de autor.
Para sus críticos, el acuerdo con YouTube confirmó el desprecio de Google hacia los derechos de los propietarios de medios de comunicación. Las compañías de Internet no pueden ser demandadas por colgar contenidos que infrinjan los derechos de autor, ya que responden con rapidez a las peticiones de su retirada.
La compañía ha dedicado gran parte de este año a desarrollar un sistema de huellas digitales para intentar facilitar la identificación de los materiales sujetos a derechos de autor. Sus oponentes exponen, en cambio, que ha dado largas deliberadas a esta tecnología y también que el trabajo sobre huellas digitales supone el reconocimiento de que Google no ha hecho hasta ahora lo suficiente para cumplir con sus responsabilidades legales.
La propia Google insiste en que la resolución de las disputas es una prioridad. Estas disputas no sólo tienen que ver con el riesgo a ser demandados. Si no se resuelven, podrían afectar al futuro desarrollo de una industria que probablemente dependa cada vez más de la colaboración entre los operadores de Internet, como Google, y los grupos de medios de comunicación afectados. “Si los socios potenciales no están contentos con nuestro progreso, no obtendremos los mejores contenidos disponibles”, explica Nigel Jones, responsable de Asuntos Legales de Google en Europa.

